A Rosa Romojaro, con mi gratitud
AL sur las rosas marcan los pupitres
a labio y fuego, a sangre y tinta china;
al sur el negro nace en las esquinas
salvajemente blandas de la esfinge
que me enseñó francés entre el salitre
de una boca, un mordisco, una mochila
cargada de cometas y de esquirlas
de bombas de jabón. Al sur los buitres
sobrevuelan las yemas del almendro,
los brotes de un carmín a Dios pegado.
Que el sur también existe, pese al cuervo
betuneado. Que al sur nunca son cuatro
dos lenguas y dos cuellos, ni un soneto
me manda hacer Violante, Romojaro.
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DICIEMBRE era una caja de cerillas
sin fósforo. Mi ombligo y tu cintura
volvían de Vietnam (la travesura
del jueves). Se colaba en la buhardilla
Debussy. Maniatado a tus costillas
guerrilleras, sujeto a dictaduras
de carmín, exploraba comisuras
que minabas de avispas. Ni las sillas,
eléctricas entonces, ni mi bata
de napalm, ni el haiku, ni aquellos topos
balazos resistieron tu tocata
y fuga con allegro ma non troppo.
Soltaste aquel “Delenda est mascheratta”
y un labio fue confeti poco a copo.