PADRE nuestro, que estás en la garganta
del planeta; que sales caladito de insomnio
hasta la médula
trinitaria a pasar revista a cada aurícula;
que buscas una boca de metro y te rebozas
en papel de periódico y tristezas
que siempre tienen motes y que casi
siempre acaban hablándote de tú y desalambrando
su colilla; que templas su esencia de timbal,
que lo andoteas de arriba abajo, que subrayas
su amor acantilado, que te encelas,
que te ennovias, secretas su petróleo torácico
para ti, que lo naces colmena sideral;
Padre nuestro que sabes que no creo
en ti: desátate
la madre y pónsela donde el arsénico
soltó la tarascada; Padre nuestro
que a lo mejor no estás...