A Marián, en el día de su boda
TU nombre ya es tan sólo una manera
de dejarte poseer cuando él te nombre.
Su nombre comerá de lo que sobre
de tu nombre esparcido por la mesa.
Tu nombre se abrirá por la cintura
descubriendo la ausencia de su nombre.
Su nombre pedirá por las esquinas
de tu limosna un nombre no estrenado.
Tu nombre irá segándole los campos,
se los arrasará hasta la memoria.
Su nombre hará del trigo una tragedia
si tu nombre no viene a gavillarlo.
Tu nombre, con su boca entre los dientes,
errará por el pecho de altiplano.
Su nombre dolerá cuando no suene,
si se olvida tu nombre de sonarlo.
Tu nombre pedirá asilo político
en su espacio, en los nombres de su espacio.
Que su nombre se apiade de tu nombre,
que se apiade tu nombre de mi voz.