QUE te cante otro, que yo no te pongo
ni un punto en la boca si no me la abres.
Que no, que yo le canto a tu garganta abierta
hasta la raíz del pecho. Abierta yo le canto y yo la quiero,
abierta y resonante como el vientre
que tienen las tormentas, como el vientre
que tienen las vasijas en su barro.
A tus labios te canto que te tiemblan
cuando te vas llevando las artes a la boca
y son dos pajaricos cortejándose.
Que abierta y sólo abierta te la canto y te la quiero,
como abierta tu frente
y como abierto el pie para el paseo.
Cerrada no eres tú. Cerrada creces
como una raíz cualquiera, toda adentro,
bajo tierra, cansada de crecer.
Cerrada estás menguante, como la luna estás
menguante y te me pierdes por las calles,
sin brillo, dando un paso tras un paso,
sin sentir que hay lo básico y lo eléctrico
debajo de tus plantas; sin echar
cuentas a tanto músculo rojísimo
que se locomotora para ti,
para poner derecha esa torreta
de carne y de agua que eres y que somos.
Cerrada, amada, dónde te me metes,
cerrada y dónde están los puentes sobre el río,
el río bajo el puente. Si cerrada,
dónde el amor y el hueco que te queda
en la boca, ese hueco con el tamaño justo de otra boca.
Y yo sólo conozco tu boca a boca llena,
agazapada y nueva, en esperanza.
Sólo sé de quererte toda abierta
y abierta es que te quiere cuanto existe.