ROMANCE DE LOS HECHOS REALMENTE ACAECIDOS EN LA VILLA DE BELÉN (AÑO CERO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO)
BUENAS noches os dé Dios,
pastores de la Judea,
¿habría algún huequecito
libre junto a la candela?
Traigo los pies congelados,
como un bombo la cabeza,
el estómago vacío,
la nariz soplando velas
y, por si eso fuera poco,
ya ni me siento las piernas.
Decidme, buenos pastores,
¿acaso no es pa’ dar pena?
Arreglémoslo, judíos,
a la manera sureña:
yo vos dejo mis canciones
y vos, mi barriga llena.
¿Qué decís? Veo el entusiasmo
en esas caras catetas,
así que comenzaré
a soltar mis cantinelas,
y ya hablaremos señores,
cuando acabe la historieta,
de cómo habréis de pagarme,
si en cochino o en ternera.
Veamos, ¿qué habré de daros?
¿La historia de Dorotea,
la ovejita que viajaba
por los campos de Idumea
con el pastor Zacarías?
¿La de Elías y su vieja
carreta desvencijada?
¡Ya lo tengo! ¡Esas orejas
abridme bien, paletillos!,
que os contaré la leyenda
de cómo nació un rorrete
en Belén, por aquí cerca.
¿Que ya la sabéis? Diréis
que conocéis la primera
versión, la estándar, digamos,
pero yo os prometo que ésta
-que os muráis si estoy mintiendo-
es la historia verdadera.
Allá vamos, dame un “mi”...
así está bien:
"Esto era
una noche como todas,
oscura, para más señas,
y, sin embargo, llovían
chuzos de punta en la sierra.
Aunque el clima no invitaba
a movidas parranderas,
un matrimonio cruzaba
el campo de puerta a puerta
(¿que no hay puertas en el campo?
El cuento es mío: había puertas).
Empapado hasta el bigote,
Pepote, porque éste era
el nombre del patriarca
que conducía a la bestia
(por Dios, y si ‘bestia’ digo,
quede claro que la yegua
no era su santa señora),
vio en la roca una caverna
y, hasta el moño ya de agua,
dijo: “Pa’ dentro, Marieta”
(se refería, ahora sí,
a su joven compañera).
Y allá que entraron los dos
(la bestia se quedó fuera),
y al estilo cromañón
encendieron una hoguera:
oséase, se dejaron
los dedos frotando piedras.
El caso es que, de repente,
Mari se sintió indispuesta.
- Eso es la cena, mujer.
- Que no, Pepe, no es la cena.
- Pues, será el frío o el agua
o el viento. ¿Yo qué sé, nena?
- Eso, ¡como el señorito
ya se ha hinchado de lentejas,
al resto de los mortales
que les vayan dando!, ¡ea!
- No es eso, Maruja, mira:
si yo te creo, mi reina,
pero, ¿qué quieres que haga?
Yo trabajo la madera,
yo de botica y emplastos
no tengo ni zorra idea.
- ¡Si tenía razón mi madre:
"No te cases, Marianela,
con ese muerto de hambre.
Cásate con el Oseas,
ése sí que es de posibles.
No la cagues, Marianela”!
¡Pues vaya si la cagué!
¡Ay, Dios, y lo que me espera!
- ¿Ah, sí?, ¡pues porque tú quieres,
que tienes la puerta abierta,
que puedo apañarme solo,
que ya habría quien me quisiera!
- ¿A ti? ¿Pero quién te crees?
Con esa cara de acelga,
con esas piernas de alambre
y esa tripa cervecera...
En esto estaban las cosas
cuando a María le empiezan
a temblar hasta los dientes
y a dolerle hasta las cejas.
- ¡Ay, Pepe, que estoy mu’ mala!
Y al Pepe, que ya los lleva
de corbata, se le pone
la cara como la cera,
blanca como un pan de luna,
de luna cascabelera.
- ¡Ay, Pepote, no me asustes!
¿Qué te pasa? ¡Di! ¡Contesta!
Y Pepote que no dice,
y Pepe que no contesta,
y Pepote que se cae
en redondo y que se pega
un leñazo impresionante
con la silla de la bestia.
- Pues sí que estamos... ¡Me cago
en la leche filistea!
–dice María, que tiene
doble motivo de queja–.
En fin, me apañaré sola,
lo que una mujer no pueda...
Y allí que se me arremanga
María la nazarena
y en media hora ya tiene
a quien dejarle su herencia:
un rechoncho zagalete,
moreno como su abuela,
a quien llamarán Manolo
las vecinas corraleras.
Y, claro, como Manolo,
más que lloriquear, berrea,
entre berrido y berrido
el Pepote se despierta:
- Pero, ¿qué es esto, Marucha?
- ¿Tú qué crees?, ¿una tetera?
¿Qué va a ser, por Dios? ¡Un niño!,
¿no ves eso que le cuelga?
- ¿Un niño? ¿Ya soy papá?
- ¡Ya eres papá! ¡Enhorabuena!
Y después, los arrumacos,
las lagrimitas, la juerga...,
en fin, el final que suelen
tener estas historietas”.
Si os ha gustado, mi trova
bien valdrá un vaso de vino.
Buenas noches, noches buenas,
quedad con Dios, pastorcicos.