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Letras



Perteneciente a Poesía

Quince



DEJADME que tenga goteras

en el corazón.

Las tengo, y me calan,

me lo ponen perdido,

el suelo con barro,

se caen las paredes

de tanta humedad.

Y así no hay quien vuelva

hartito del trabajo,

con los pies reventados,

cargados del camino,

y se pida un sillón. Uno lo intenta,

se busca y se rebusca,

trata de hacer oídos

sordos al gota aquí

y al gota más allá,

cuelga un póster en ese

desconchón que amenaza

con llegar al salón de la vecina,

y, en suma,

quiere creer que tiene

un corazón como Dios manda.

Pero llega, siempre llega

enero,

y el frío se hace más,

y se mete en la casa,

y dice que se queda

un par de días,

y un par de días son diez,

y diez son cuatro meses,

y así van veinticuatro

años.

No recuerdo

haber visto la casa

en condiciones:

siempre hay una obra en un ventrículo,

una arteria con vigas,

una válvula llena

de andamios.

Siempre

tengo roto un desagüe,

y la casa me huele

a amor de fregadero, en retirada,

o tengo que llamar a los bomberos,

que me hachen la puerta, que no encuentro

las ganas para entrar

a esa pocilga.

Otras veces, es cierto,

me acostumbro al olor,

al calado y a todo

y casi soy feliz.

En estas ocasiones, miro cada

cierto rato hacia atrás,

por si se acaba.

Alguna vez que otra

pensé coger la puerta

y echar a andar, a ver

si encontraba otra casa por ahí:

una robusta y sana,

un roble, vamos,

un corazón tremendo y confortable,

caserón por los siglos,

austero, blanco, abierto

de cintura a cintura,

asilvestrado,

con plantas en macetas

y macetas en el patio

y un patio con pozo grande

y el pozo en medio del agua

y el agua encorazonada.





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