SI por mí fuera, a la persiana
iba a olvidársele para qué es.
Me echaba a un lado yo y le cedía
camino y paso, paso y camino,
al viejo, al trantrán de los carros;
me quitaría todos los hombres
que tengo encima y te esperara,
mujer, a ti yo te esperara
agachando la cabeza
y apoyándola en la tierra
para escucharte esos pies
tuyos que cabritillean.
Si por mí fuera, mujer,
nos echábamos un beso
y, ya puestos, capitana,
mis huesos para una barca,
mis huesos, yo te los daba,
mis huesos con tal de verte
achicándome las aguas
y grabándome al costado
tu nombre de capitana.
Si por mí fuera, mujer,
te entraba en una tinaja
y me entraba en un canasto,
y entre te busco y me buscas
no nos quedaba mercado
donde echarnos a querer.
Si por mí fuera,
de vino tinto al miedo
vasos le diera.
Si por mí fuera,
lo que del miedo vino
nunca volviera.
Si por mi fuera,
llegaba yo a la casa del trabajo
y de tu mesa puesta yo comía.
Me echaba yo de ti uno o dos vasos
y me daba a la paz después de darnos
a la guerra. Si por mí fuera, te esperaría
tan pegado a la puerta que yo mismo
vendría a ser la puerta.
Llegabas tú, creciente y nueva,
pan de los hombres, mujer de luz,
y comías de mi pecho cocinado
y me hicieras la guerra vaso a vaso
y la paz me la dieras a su tiempo.