Menu

Letras



Perteneciente a Poesía

Diecinueve



ES cierto, a qué negarlo: sigue estando en barbecho

el corazón. Es uso ya que se vaya mayo

sin echarle siquiera un requiebro: le pasa

tocando el quicio, dos o tres arterias más

abajo; de reojo, lo sabe nerviosito,

mirándose el reloj, ajustándose el cuello

de la camisa, hablándose por ver si se equivoca:

no va a venir, seguro que no viene”. Y no va.

Se queda el tontorrón con la aurícula en gala

y la mitral vestida de domingo. Y no va;

se tiene que guardar los seis o siete versos

mal rimados (que, encima, no eran suyos, o, al menos,

no más suyos que de otro), los que le repitió

diez, once, doce veces de pensamiento al término

de la cena; los guarda, queda dicho.

Como hay algo

de buscar el morirse en el amarse, asoma

su cabeza magnífica por entre el huequecito

de la ventana y ve marcharse cuerpo arriba

al mes que le traía el agua y los quereres,

llevándose consigo lo líquido y lo sólido.

Y sin agua es ilusión la cosecha. No es extraño,

pues, que el año entre en zarzales y por cardos se me vaya.

Es cierto, a qué negarlo: no recuerdo

muy bien cómo se hacía eso

de enamorarse de alguien. Si no falla

la memoria, algo había de negarle

al cosmos su estructura y disponerla

a voluntad y capricho del amante; otro poco

tenía de entender la ciencia impracticable

de los hombres; un punto, por último, de darse

a una suerte de mística total.

Fue contigo, mujer, todo lo dicho

y el beso colosal y la quietud

y el proyecto del hijo y el quererte

toda tu carne armada y florecida;

y una palabra y otra

que saltaban de otra boca a una,

y el salto y la candela nos perdían,

y la palabra ajena era la propia

y la propia la ajena, comúnmente;

fue contigo saberte descarada, derecha

a mis bastiones, dura

en la guerra como un pueblo convencido,

en la paz como un niño o una mentira.





© Nacho Artacho, 2008 · Contacto · Contratación ·
Trayectoria · Novedades · Agenda · Canciones · Video · Fotos · Letras